En un reportaje aparecido en el diario La Tercera este 27 de diciembre se da cuenta de que el entorno del Partido Republicano identifica el estilo presidencial de José Antonio Kast como el de alguien "cercano a la gente". Se opondría al estilo gerencial, de estar encima de los problemas, que nosotros adscribimos a los ex presidentes Piñera y Frei Ruiz-Tagle. También se apartará de aquellos presidentes que están en los "grandes temas", con un perfil mas cercano al del estadista, como pueden haber sido Aylwin y Lagos. El estilo presidencial de José Antonio Kast se acercaría así, sin que se reconozca, a los liderazgos de Bachellet y Boric.
Pero mas allá de la ironía que representa este giro, tiene ventajas y desventajas. Tanto a Boric como Bachellet este estilo de gestión les supuso mantener una suerte de barra brava, un núcleo de adeptos que los apoya sin considerar los resultados objetivos de su gestión. Bachellet era de teflón. Nada de lo que haga Boric le aparta de su 30% de seguidores incondicionales. A la izquierda se la juzga por sus intenciones, y así sus apoyos base se mantienen durante todos sus períodos. Muy distinto de lo que ocurre en la derecha. El apoyo a Piñera se desvaneció hasta cifras ridículas ante el primer traspié. Un liderazgo enfocado en la gente te hace ser querido. Por otro lado un estadista como Lagos era muchas veces temido. Piñera no era ni lo uno ni lo otro (al menos en vida). Su gestión basada en resultados hizo que los cambios de humores lo tumbaran en la opinión pública. La duda es si un liderazgo enfocado en las personas funcionará para un liderazgo de derecha, mas aun cuando se trata de alguien con la frialdad teutona de José Antonio Kast.
Por otro lado está el fantasma de la pésima gestión realizada por Bachellet y Boric. El narcisismo de sus políticas les dio visión de túnel respecto de los problemas reales de la gente y de la eficacia y eficiencia que exige la gestión pública. La fortaleza de José Antonio Kast nunca ha sido la técnica, por lo que requerirá apoyos serios en esa dimensión de la gestión si no quiere repetir la receta de sus antecesores de izquierda, aunque la clave política sea distinta. Esto implica muchas veces asumir costos. Durante la campaña eludió o decidió no atacar temas complejos, como las 40 horas, el déficit fiscal de las medidas de gobierno y muchos otros. Seguir evitándolas siendo gobierno no será una opción, y esto puede alejarlo de la gente. Fue el dilema de Bachellet en sus dos gobiernos, y los resolvió de manera distinta en ambos. Los resultados se explican por si mismos.
Es posible pasar cuatro años en La Moneda con un apoyo emocional de la gente, sin grandes resultados concretos, como lo demostraron Bachellet y Boric, pero no es factible pensar que luego de cuatro años sea posible traspasar el gobierno a alguien del propio sector si no existe una gestión exitosa, que sea percibida como tal por la gente.
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